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Cómo mejorar la concentración

Uno de los indicadores de la inteligencia humana es el cociente intelectual (CI). El investigador americano James R. Flynn  observó que el cociente intelectual medio de las poblaciones aumenta con el paso del tiempo. Esto se debe al acceso a la información y a la educación que ha sido progresivo a lo largo de la historia. Observó que en 30 años (del 1952 al 1082) el CI medio aumentó 20 puntos. Sin embargo, investigaciones recientes, apuntan que el CI está decayendo. 

Los nacidos después de 1975 tendrían menos coeficiente intelectual que los nacidos antes según apuntan diferentes estudios realizados en países como Francia, Reino Unido o Dinamarca. Una publicación en Proceedings of the National Academy of Science, revista de la Academia de Ciencias de Estados Unidos, afirma que los noruegos nacidos después del año 1975 están inmersos en una bajada contínua de su CI. Actualmente se estima que en los países desarrollados está bajando alrededor de 0,48 puntos por año.

¿Qué es lo que está provocando esta bajada en el CI?, ¿Cómo es posible que teniendo el acceso a la información tan fácil, no somos capaces de incrementar el CI?

La respuesta a estas cuestiones la encontramos en el entorno de sobreestimulación al que estamos sometidos, la sobreinformación y la falta de concentración.  La falta de concentración es uno de los problemas con los que tenemos que lidiar en nuestro día a día.  En este post vamos a ver algunos aspectos que nos permitirán concentrarnos más y poder digerir la información para conseguir nuestros objetivos del día a día.

¿Qué nos impide concentrarnos?

En primer lugar debemos analizar el contexto actual. Vivimos en un entorno lleno de estímulos. Para empezar, los smartphones y las nuevas tecnologías nos están permitiendo tener una serie de comodidades con muy poco esfuerzo. Esto está muy bien. Nos está facilitando muchas tareas cotidianas. No quiero ni pensar en aquella época en que te quedabas tirado en la carretera y no había forma de contactar con nadie si no era por la amabilidad de un conductor que paraba y te llevaba a la cabina telefónica más cercana.

Ahora bien, una cosa es tener una herramienta que la utilizas cuando tú quieres y otra muy distinta que la herramienta te use a tí. Es posible que esto te pase más de lo que piensas. De hecho los videojuegos, los smartphones y los dispositivos electrónicos en general nos están distrayendo con interrupciones constantes. Como consecuencia de ello nos hace ser menos productivos en nuestras tareas. Un estudio de 2015 recogía que los estadounidenses pasan 4,7 horas diarias mirando el móvil. Hay que tener en cuenta que los dispositivos electrónicos son adictivos y si no le ponemos límites nuestro cerebro nos va a llevar a mirarlos una y otra vez.

Existen tres factores que nos impiden concentrarnos:

La búsqueda contínua de la recompensa. Factores bioquímicos.

La búsqueda de recompensas inmediatas provoca desajustes hormonales. Un ejemplo lo tenemos cuando miramos el móvil, dado que son satisfechas con notificaciones, likes, navegando por redes sociales o simplemente haciendo una búsqueda en el navegador. Nuestro cerebro siempre está en busca de recompensas, dado que estimulan una parte del cerebro que segrega una hormona llamada dopamina. La dopamina es un neurotransmisor que se encarga de activar las zonas del placer en nuestro cerebro. La liberación de dopamina es la base de la adicción al azúcar, la nicotina, la cocaína, el sexo o el juego, entre otros. La adicción nos hace dependientes de esa actividad y puede ser peligroso para nuestra salud.

La fragmentación de nuestra atención

Por otro lado, las distracciones e interrupciones fragmentan nuestra atención y disminuyen la capacidad de concentración, la capacidad de terminar objetivos, la toma de decisiones correctas y nos impìden distinguir lo importante de lo urgente entre otras muchas cosas. La fragmentación de la atención y la sobrecarga de información acaba influyendo en nuestras capacidades cerebrales. La suerte que tenemos es que tenemos la solución y podemos aprender a concentrarnos.

Los disruptores endocrinos

Los disruptores endocrinos son químicos capaces de perturbar nuestras hormonas y alterar el correcto funcionamiento corporal y afectar negativamente a nuestra salud. La causa principal de la destrucción de nuestras neuronas se debe a los disruptores endocrinos. Los encontramos en pesticidas, parabenos, bisfenoles, etc… Una vez dentro de nuestro organismo son muy difíciles de expulsar.

La alteración de las funciones hormonales provocan más permeabilidad intestinal que favorece que sustancias tóxicas entren e inflamen nuestro organismo. Lo mismo pasa cuando tenemos una situación de estrés permanente dado que cuando se altera el funcionamiento del sistema inmunitario tomamos decisiones poco saludables como no hacer ejercicio, comer cualquier cosa, fumar o consumir tóxicos. Esto nos lleva a inflamar el intestino con el riesgo de generar una enfermedad. Se dice que todas las enfermedades se crean en el intestino.

¿Qué podemos hacer para concentrarnos?

La sobrecarga mental a la que estamos sometidos y la fragmentación de la atención causada por distracciones e interrupciones es algo que podemos controlar. El psicólogo Mihály Csíkszentmihályi en su teoría del flow (fluir) explica que cuando  una persona se encuentra completamente absorta en una actividad para su propio placer y disfrute consigue un estado de bienestar. Cuanto más concentrados estamos nos sentimos mejor. Veamos qué podemos hacer para mejorar la concentración:

Practicar la autoobservación

La autoobservación es la capacidad de observarse a sí mismo. Esto nos permite alejarnos de nuestro estado mental para poder tomar una perspectiva diferente que nos permita reconducir una discusión o cambiar una emoción de tristeza, rabia, angustia, etc. La autoobservación es una capacidad que nos ayuda a cambiar. Uno lo puede conseguir rápidamente con la práctica. 

Limitar la exposición a redes sociales. 

La búsqueda de la recompensa continua impide que tengamos largos períodos de concentración. Cada vez hay más estudios que relacionan la depresión con el uso de las redes sociales. La insatisfacción por no sentirse realizado influye en el bienestar de las personas y como consecuencia nos impide concentrarnos.

Controlar el uso de tus dispositivos electrónicos. 

Es imprescindible establecer un horario de uso y, en este horario, que haya períodos en que no se empleen. Cuanto más largos mejor. Cada vez que desbloqueamos el teléfono móvil perdemos unos segundos de concentración que se pueden convertir en minutos. Se han realizado investigaciones que concluyen que si estamos realizando una tarea y consultamos el correo electrónico se tarda entre 5 y 15 minutos en volver a concentrarnos en esa tarea que  estábamos realizando. Esos minutos acumulados son horas a lo largo del día. 

Controlar tu voluntad

La voluntad vence a la inteligencia. Una persona con fuerza de voluntad llegará más lejos que una persona inteligente que no tiene una voluntad consistente. El psicólogo Walter Mischel de la universidad de Stanford, realizó un experimento en 1972 que se conoce con el nombre de test de Marshmallow. Este experimento concluye que aquellos niños con más fuerza de voluntad obtienen mejores resultados en los estudios, mejores empleos y tienen una vida más saludable.

Es importante saber que la fuerza de voluntad tiene límites. Según Cal Newport, profesor en Georgetown y autor de dos libros sobre este tema, explica que nuestra reserva diaria de voluntad no excede de las 4 horas por día. 

La fuerza de voluntad se consume como la gasolina del coche. Si hacemos un recorrido de 1000 km, a una velocidad constante, consumimos menos gasolina que si lo hacemos en medio de un atasco. El motivo por el que un coche consume más combustible en vías urbanas que en vías interurbanas es debido a las interrupciones. Del mismo modo las interrupciones y las distracciones consumen más fuerza de voluntad, dado que para volver a concentrarnos tenemos que volver a conectar con las tareas que estábamos realizando. 

Al principio del día tenemos un depósito lleno de fuerza de voluntad y conforme este avanza se va vaciando. La velocidad de consumo de la fuerza de voluntad es más rápida cuanto más nos distraemos o nos interrumpen.

Aprovechar pequeños ratos para no hacer nada

Cuando no hacemos nada estamos dando tiempo a que el cerebro organice toda la información y los estímulos que ha recibido. Esas pausas en que uno espera a que le traigan el café, sale del coche para recoger a su hija, se para en un semáforo, son situaciones en que muchas veces aprovechamos para mirar el móvil. La consecuencia es que le estamos quitando tiempo a nuestro cerebro para que se pueda organizar y conecte las ideas que hemos tenido. Esto nos permitirá ser más creativos, reorganizar nuestros pensamientos, planificar objetivos o repasar aprendizajes. Sin hacer nada, nuestro cerebro se pone a trabajar, por eso son tan importantes esas pausas. Practicar mindfulness nos puede ayudar.

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