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El coste de ceder a la presión social.

<<No llego a final de mes>>, <<mis hijos son un gasto>>. Son frases que escucho a menudo. En este post vamos a ver por qué la presión social merma nuestras economías y cómo actuamos de forma contraria a nuestros pensamientos individuales para integrarnos en el grupo. ¡Vamos allá! 

Sin ir más lejos, ayer, hablando con unas amigas me comentaron que los hijos son un gasto enorme para sus economías, concretamente decían que les piden ropa de marca o unas determinadas zapatillas demasiado caras. Todos nos hemos visto alguna vez ante este dilema, hacer el gasto y satisfacer el deseo de tus hij@s o aceptar que no lo puedes comprar porque no entra en el presupuesto. Por cierto, ¿Tienes presupuesto?. Un día hablaremos de ello.

Soy consciente que muchas familias viven al límite de sus ingresos y les cuesta llegar a final de mes. Da igual si son familias con altos ingresos o bajos ingresos. En todas las franjas existen. En este sentido entiendo como nos podemos sentir, dado que yo me he sentido así muchas veces y me continuaré sintiendo. Siempre tendré a alguien que me propondrá una actividad que comporta un gasto que difícilmente podré aceptar. Y tendré que decidir qué hacer.

Todos sabemos qué gastos no podemos hacer, como viajar cada fin de semana al mejor hotel o comer cada día en el mejor restaurante de la ciudad. Si lo puedes hacer, enhorabuena, de lo que se trata es de si vives con una economía holgada o no llegas a final de mes. Quizá comes cada día en el mejor restaurante porque tu economía te lo permite, pero igual no puedes viajar cada fin de semana. Todos tenemos gastos inasumibles por nuestras economías.

Cuando se nos propone una actividad que comporta un gasto importante para nuestra economía debemos decidir si hacerla o no. Esta decisión muchas veces no es fácil. Por eso es importante tener un presupuesto. 

En 1956 el psicólogo estadounidense Solomon Asch realizó un experimento que se ha convertido en un referente de la psicología social. Este experimento se ha repetido infinidad de veces y siempre ha dado el mismo resultado. 

Consistía en reunir un grupo de sujetos colaboradores con un <<sujeto ingenuo>> -así lo llamaba Asch- en una aula para comparar diferentes figuras y comprobar su semejanza. Todas las respuestas eran obvias, es decir si había que comparar el tamaño de tres barras con una barra modelo de 3 cm, podía haber una barra de 1 cm, otra de 6 cm y la de 3 cm. Las respuestas se daban a mano alzada con lo que el sujeto ingenuo observaba qué contestaban los demás. Los colaboradores tenían instrucciones de equivocarse de manera sistemática y Asch debía observar cómo reaccionaba el sujeto ingenuo.

Lo que observó Asch es que a medida que avanzaba el experimento, el sujeto ingenuo modificaba sus respuestas en función de lo que hacía la mayoría, es decir que a pesar de estar convencido de que su respuesta era la correcta había una clara tendencia a responder erróneamente para estar conforme al resto de sujetos. Es lo que se conoce como la conformidad social, y ésta es la responsable de muchas de nuestras decisiones en nuestro día a día, por supuesto también a la hora de decidir qué zapatillas comprar.

Que no queramos aceptar nuestras limitaciones económicas ante los deseos de nuestr@s hij@s es uno de los principales motivos por los cuales no tenemos una economía doméstica saneada, o lo que es lo mismo es la principal razón por la que no llegamos a final de mes. 

Ahora que ya sabes los motivos que explican esos comportamientos sociales que nos hacen tomar decisiones de forma poco racional, es hora de que decidas si quieres actuar para alinearte con los demás o tomar las riendas de tu propia vida, cosa que te permitirá mejorar tu estado de ánimo.

¿Y tú?, ¿te sientes identificad@? 

Agradecido por tus comentarios. Nos vemos en el siguiente post. 

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